Todas las realidades no ordinarias que se presentan a la hora de dormir son maravillosas, cómodas, sublimes, incluso todos esos adjetivos juntos, pero llega la inoportuna hora de abrir los ojos y ese que vez en todos lados es el mismo que veras por el resto de tus días, afortunadamente contamos con esa amiga aliada que nunca olvida susurrar en mis oídos durante el día el acontecer de aquellos mágicos sueños, se trata de mi única amiga "la imaginación".
Ese día fue muy parecido a todos los demás, con una sola excepción.
La noche anterior me propuse alimentar al subconsciente con un sin fin de historias, fotos y vídeos, para proyectar un sueño único eh inolvidable, todo marchaba a la perfección, aparecí, desaparecí, volé. corrí, caminé, observe y manipulé todas y cada una de las escenas a mi antojo, podía ser y no ser, cuando llegó la hora de despertar todo empezó a perder fuerza y claridad, escuché mi despertador a lo lejos y cada vez más y más cerca.
Abrí los ojos, miré un lugar desconocido, tenía muchas cosas poco comunes, de pronto entró ella, la dueña de todos aquellos sentimientos que desencadenan historias inconclusas y dramáticas, esa dama que cambia el color de su pelo como cambia el clima y el cielo, la que alguna vez me mostrará un árbol con su nombre y el mio justo abajo. Intenté preguntarle qué donde se había metido, qué si regresaría algún día a mi vida, traté solo traté, porque con tristeza descubrí que estaba mudo y ella ciega, entonces comprendí que no había despertado del "buen sueño".
El sueño perfecto resulto tan simple como los anteriores, dejando un mensaje muy claro.
"podrás verla pero jamas podrás tenerla"
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