La habitación se oscurece, caigo en un espiral de colores,
durante el trayecto, vi algunas imágenes familiares, al
parecer eran tus fotografías, todas ellas enmarcadas con
oro, cuando el espiral terminó me encontré en una playa
hermosa, la arena de color blanco, el mar tan azul como
el cielo y las gaviotas me daban la bienvenida.
A lo lejos una sombra de dama se acercaba despacio,
caminé hacía ella sin prisa tratando de imaginar de quien
se trataba, cuando estuvimos lo suficientemente cerca
para reconocer nuestros rostros, dejó caer una cámara
fotográfica y se alejo de prisa, la levante y trate de alcanzarla,
me llevó a una ciudad extraña, tenebrosa, oscura.
Bajó por una escalera que conducían a un sótano enorme
con nueve puertas, ocho de ellas daban a laberintos sin salida
y solo una encontraba la salida de vuelta a esa ciudad,
perdí mucho tiempo, pensé que para ese momento ella estaría
muy lejos.
Salí del ultimo laberinto y me esperaba sentada al pie de un árbol,
le pregunté su nombre y estiré la mano para entregarle su cámara,
ella levanto la mirada, pero el brillo de sus ojos me deslumbro,
como la luz del sol cuando lo miras fijamente.
Cuando pude abrir los ojos, había regresado a mi habitación
llena de oscuridad y me encontraba conmigo en todos lados.
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